26 octubre 2009
Categoría 5
22 octubre 2009
That is the question
Yo, que nunca fui de hablar demasiado, asistía cual calavera a mi propia exposición. “Tú cómo eres…”, vaya con la niña. Ser o no ser parecía un dilema más fácil de resolver, más incluso que improvisar cada vez una invención distinta para escapar de aquellos “dime qué estás pensando… YA”. Pero “y tú cómo eres” superaba en dificultad el laberinto de aquellos semáforos, la técnica del baile caribeño y hasta los dilemas del príncipe danés. La radio rellenaba el silencio. Y he aquí que la cuestión se resolvió, pues por arte de casualidad, la letra de una canción expresó con sorprendente puntería la respuesta más certera de todas las posibles:
22 septiembre 2009
El político
– “Tengo que cambiar las cosas”, decía José Manuel mientras se anudaba la corbata el día en el que decidió meterse en el partido.
– “Al menos hay que intentarlo”, decía José Manuel mientras se anudaba la corbata y repasaba los últimos párrafos de su discurso, el día en el que fue nombrado candidato a las elecciones después de liquidar en los pasillos a sus compañeros rivales.
– “Crear ilusiones también es importante”, decía José Manuel mientras se anudaba la corbata, repasaba los últimos párrafos de su discurso y consultaba la agenda con su asistente, el día en el que se cerraba una campaña llena de promesas que él mismo sabía que no podría cumplir.
– “Las cosas son como son y hay que ser realistas”, decía José Manuel mientras se anudaba la corbata, repasaba los últimos párrafos de su discurso, consultaba la agenda con su asistente y persuadía por teléfono a varios tipos influyentes para que apoyaran sus decisiones a cambio de futuros favores, el día en el que juró su cargo como presidente tras convencer a otros partidos rivales para que apoyaran su investidura.
– “El partido es el partido y yo solo no puedo”, decía José Manuel mientras se anudaba la corbata, repasaba los últimos párrafos de su discurso, consultaba la agenda con su asistente, persuadía por teléfono a varios tipos influyentes para que apoyaran sus decisiones a cambio de futuros favores y trazaba las líneas a seguir para ocultar algunas medidas que unos meses atrás ni se le habrían pasado por la cabeza, el día en el que decidió presentarse a un segundo mandato.
– “De alguna manera hay que ganarse la vida”, empezó a decir José Manuel cada mañana cuando se miraba al espejo.
16 septiembre 2009
Discriminación
Hace 107 años, Theodore Roosevelt invitó a cenar a la Casa Blanca a un influyente profesor. La prensa puso el grito en el cielo y tachó el encuentro como una provocación: con la cena ofrecida a Booker T. Washington, Roosevelt acababa de extender la primera invitación oficial a la mansión ejecutiva a un negro y ningún otro afroamericano fue invitado a la Casa Blanca en los siguientes 30 años. Hoy, todos esos ignorantes se desmayarían al abrir cualquier periódico.
En la década de los 50, una joven llamada Sarah Bond buscaba alojamiento en Washington DC. En todos los hoteles encontró la misma respuesta: no hay habitaciones para negros. Veinte años después y tras grabar algunos discos, Sarah ofreció un concierto ante un selecto grupo de invitados y un hombre le pidió permiso para bailar con ella. Ese concierto tuvo lugar en la Casa Blanca y ese hombre era el presidente Johnson. Aquellos ignorantes que le habían negado una habitación 20 años atrás murieron de envidia en ese mismo instante.
El fin de semana pasado, un rapero de cuyo nombre no voy a acordarme le quitó el micrófono a una artista blanca de 19 años y número 6 en las listas de ventas de EE.UU. para decirle que su vídeo premiado en la categoría femenina estaba bien, pero que el videoclip de Beyoncé era mejor. Minutos después, tras recibir el Premio MTV al Mejor Videoclip del Año en el Radio City Music Hall de Nueva York, la cantante Beyoncé cedió su minuto de gloria a la chica blanca de 19 años para que pudiera disfrutar de los aplausos que le habían negado. Aquel ignorante ya había salido de la sala a vomitar su propia vergüenza.
Esta misma tarde he tenido que escuchar de tu boca que tú y yo no tenemos ninguna posibilidad porque me gusta el reguetón. En cuestión de segundos te vas a dar cuenta de la dimensión histórica de tu error.
16 agosto 2009
Vidas cruzadas
A Johannes W. Delzen, inventor del colutorio con sabor a tinto de verano, le tocó un viaje a Praga para dos personas. Preguntó si podía llevar a su perro como acompañante, pero las bases del concurso no lo permitían. El señor Delzen renunció al premio por considerar carente de interés viajar a un desierto en el que, según las mismas bases, podían declarar su premio. Desde entonces decidió mejorar su español.
Theresse Avignon acudió una mañana durante sus vacaciones en Marsella al ambulatorio más cercano con síntomas de gripe. El médico la derivó al hospital, donde le diagnosticaron la infección del virus H1N1. Murió horas después en el puerto, tras resbalar en unas escaleras. Un rico notario que pasaba por allí le preguntó si deseaba dejar testamento de viva voz, a lo que ella respondió con un sonoro y último estornudo.
Harry Latorre, productor de cine porno en Miami, se dirigía a casa de su madre en Key Biscayne con una tarta de cumpleaños. Tras llamar a la puerta tres veces y preocupado ante la falta de respuesta, decidió forzar la entrada. Encontró a la anciana ocupada con su caniche Rickymartin y decenas de botes vacíos de “Colutorio Delzen”, en el que la advertencia de “no ingerir” figuraba en alemán. La señora Latorre, que sólo hablaba inglés, saludó a su hijo con un “my birthday is tomorrow, asshole”.
Mariano Gorgojo, miembro número 36.718 del Colegio de Notarios de la República Checa, yacía moribundo en su mansión de South Beach, víctima de la gripe A. Arruinado tras perderlo todo en el “Latorre Party Complex” de Marsella, hizo trizas su declaración de testamento y entregó a su médico francés todo lo que le quedaba: un viaje a Praga para dos personas que había quedado desierto. El médico se llevó con él a un caniche abandonado con el hocico manchado de tarta de frambuesa.
A todos ellos les unía una circunstancia común: habían contratado Internet con Orange y les fue como el culo.
09 agosto 2009
Su salud y la de quienes le rodean
No es cuestión de azar, introduzca importe exacto. Es cuestión de despertar en esta pesadilla de las dudas. De responder a todas y cada una de las preguntas que formula tu piel cuando se aproxima a la mía. De resolver la ecuación de resultado exacto, con los milímetros contados a los que surgen las insalvables ganas de abrazarte. De completar la derivada en la que la incógnita eres tú, en la que la incógnita soy yo, y que gira y se complica en cada pausa para fumar. Esta situación perjudica seriamente la salud. Quizá también la de quienes nos rodean.
Por eso te digo que no tengas prisa. Yo también me acordaré de ti ante alguna puesta de sol.
08 agosto 2009
Terceto de buenas noches
Me empieza ya a dar pereza
escuchar esas historias
de tu fingida entereza.
Esas frases ilusorias,
tus elogios sin reproche,
los palos sin zanahorias.
Puedes subir a mi coche,
pero ya no hay recorrido
más allá de lo de anoche.
Si crees que estoy escocido
es que aún no me conoces.
Eres tú quien me ha elegido.
Tampoco busco más roces
que los que tuve con otras...
me da igual con quién retoces.
08 julio 2009
Cuidado con el perro
"Pórtate bien" no parecía, en cualquier caso, un mal consejo. El problema es que lo pronunciaste en castellano y no en el idioma de los perros, basado esencialmente en gruñidos, babeos y gases que más que del intestino parecen proceder del mismísimo infierno. Laki, de todos modos, no se portó demasiado mal. No peor que tú. Pues al menos ella nunca dijo una sola palabra, así que tampoco pudo incumplirla.
En honor a mi perrita (concédeme también, ya puestos, su custodia post mortem), he de decir que llegué a quererla mucho. Ella, sin embargo, nunca logró olvidarte. Suspiraba cada noche antes de dormir, resignándose a un injusto e inesperado abandono. Yo también te he recordado, y no únicamente cada vez que me he tenido que agachar en el parque con una bolsita negra envolviendo mi mano. Al igual que Laki, eché de menos tus mimos, tus caricias y tus juegos de ansiedad. Esa maniobra de lanzarme el palo de las ilusiones futuras para que yo saliese tras él, dispuesto a llevártelo de vuelta esperando que no hubiera un nuevo lanzamiento. Esa órden de "dame la patita", y yo te la daba, creyendo que mi recompensa sería diferente al "ahora dame la otra". Pero ya es tarde. Por eso, junto con la mala noticia, te envío también la vacuna contra mi propia rabia.
18 mayo 2009
Querer no es poder
03 mayo 2009
Siempre se mueren las plantas
Azucena estaba a punto de rendirse. Siempre se le morían las plantas, por más que ponía todo su empeño en sacarlas adelante. Probó con geranios, petunias y troncos de Brasil, pero nunca consiguió que superaran el invierno. Sus amigos no comprendían cómo una chica tan dulce y sensible como ella era incapaz de hacer prosperar el más mínimo brote. Por eso un día, conscientes de sus dificultades con la fitología, le regalaron un cactus. Y no le duró ni dos meses.

Pero aquel día ella le llamó y Jacinto decidió ayudarla. Estudió durante días los hábitos de Azucena y las condiciones de luz y humedad en las que se desenvolvía. Se aseguró de que la temperatura fuera la adecuada, que la mineralización del agua fuera la correcta y que nada perturbara el entorno idóneo para cultivar sus plantas. Entonces sembró algunas semillas. Azucena las cuidaba bajo la supervisión de Jacinto, al tiempo que él recordaba por qué aquella chica le gustó siempre tanto. Comprobó que ella regaba con cuidado, vigilaba la incidencia del sol e incluso llegaba a hablar cariñosamente a aquellos tallos que comenzaban a brotar. Hasta que se morían.
Jacinto contemplaba atónito aquella marchita realidad y trató de hallar la explicación a tan funesto fenómeno. Empleó toda su capacidad de comunicación con el mundo vegetal. Analizó la tierra, el agua, la savia y el humus. Rescató sus conocimientos sobre clorofila y polinización. Y volvió a mirar a Azucena. Entonces lo comprendió. Como por arte de fotosíntesis se le reveló la verdad: sus plantas morían de pena. De pena al no poder abandonar sus macetas para abrazar a Azucena y acompañarla hasta el fin de la vida. De pena por no poder contemplar aquellos hermosos ojos que sólo deseaban verlas crecer. De pena al asumir que jamás la podrían besar, amar ni agradecer tanto cariño porque, a pesar de la intención, en la implacable diversidad de los seres vivos, unas y otra pertenecían a reinos distintos.
22 abril 2009
Con cuarenta años
04 abril 2009
Las vigas de mi alma
Me enseñó a atarme los cordones, mis ocho apellidos y a decir “otorrinolaringología”. Me enseñó los ríos y las provincias, el abecedario y a construir naves espaciales con las piezas de Tente. Jugamos juntos al Spectrum y a las canicas. A las chapas, al futbolín, a los dardos, al billar, al póker, a los dados y al mus. A piedra, papel o tijera, al pulso chino, al ping-pong y al calientamanos. Y todo me lo enseñó él. Me enseñó también a poner la mesa, a no hacer la cama pero que parezca que está hecha, a dibujar coches en perspectiva y a silbar con y sin mover los labios. Me enseñó tantas cosas que nunca seré capaz de recordarlas todas, porque es imposible enumerar las vigas y los pilares que sustentan tu propia alma. Todo lo que él me aporta se convierte automáticamente en parte de mí. Y así crecí, compartiendo con él dormitorio, palabras y horas de vida.
Hoy es su cumpleaños y quiero regalarle estas palabras. Porque para mí no ha habido mejor regalo que el de crecer con la inmensa suerte de tener por hermano a mi hermano Ernesto. De contar con su incondicional protección en los años que compartimos colegio, de contar con un cariño que el tiempo, en lugar de debilitar, ha ido multiplicando. De disfrutar la maravillosa experiencia que supone tener un hermano mayor, al menos cuando tienes uno como el mío.
Así que cuando hoy, como cada 4 de abril, digo FELICIDADES, me estoy felicitando a mí también y a todos los que comparten mi suerte.
29 marzo 2009
"A doscientos metros, sáltese el semáforo"
Mientras intentaba instalar en mi móvil el navegador GPS que se supone que incluye, e intentando igualmente no caer en las múltiples tretas con las que mi operador (en una alianza evidente con el fabricante) pretende sacarme unos euretes así, como quien deja una propina sin venir a cuento, me he topado con esta anomalía publicitaria.
La sinopsis es sencilla: un tipo solitario se toma un café en una terraza de Madrid. De pronto recibe el típico mensaje que te alegra la tarde: acaba de quedar con una muchacha por SMS. Sin tener nada más que hacer en la vida que salir pitando ante el primer estímulo, arranca el coche y atraviesa el centro de Madrid (nótese que no ha pagado el café). Sin embargo, el aparente "simpa" no es la única muestra de la inadaptabilidad social de nuestro protagonista. Bajo el lema "nunca llegues tarde a una cita", la campaña nos muestra las ventajas de un servicio de navegación por carretera y peatonal en el móvil en pleno domingo de agosto. Ventajas que se diluyen por la constante amenaza pública que abandera el fulano en chaqueta: acelerones injustificados, cambios de carril repentinos, invasión descarada del carril bus, ignorar un ceda el paso y hasta saltarse un semáforo en ámbar en plena Gran Vía son algunas de las recomendaciones del spot. Lo que más me acojona es que mi ruta al trabajo coincide en una curva con la del "asesino del Nokia".
Cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo en el fomento de la inseguridad vial, ahora llega una marca de móviles y nos dice que no lleguemos tarde a una cita, caiga quien caiga. Y digo yo, ¿con estos modales para qué queremos un GPS?
20 marzo 2009
Superficie útil

Pero uno de los repartidores no pudo resistirse. Nunca había montado una cocina con sofá, un dormitorio con fregadero y un baño con impresora, así que, en un arrebato de curiosidad, le lanzó la pregunta:
– “Disculpe, señor. ¿Y en este cuartito no va a poner nada?”, dijo señalando el espacio que tal vez algún arquitecto concibió como el aseo.
– “No, en el salón no”, respondió. “Será mi cuarto de descanso”.
18 marzo 2009
Miedo a volar
Pero lo más doloroso del asunto no es que se viera incapaz de tomar un avión, sino que el alma de Lucía venía ya diseñada con una especie de alas que le resultaba muy difícil desplegar. Su pasión por conocer, sus ansias de descubrir y su ambición por vivir un mundo en el que nada le resultaba indiferente, convertían su fobia en una gruesa cadena que rodeaba sus siempre nonatos planes. Asumía que nunca podría visitar determinados lugares, cumplir determinadas tareas profesionales o reencontrarse tan a menudo como le gustaría con su querido Miguel. Pero así eran las cosas.
Hasta que un día voló. Y su miedo, sencillamente, desapareció. Como desaparece el paisaje por debajo de las nubes cuando el avión se eleva, o como desaparecen las maletas que nunca llegan a la cinta transportadora. Aquel primer trayecto entre Madrid y Vigo le permitió, además de sobrevivir, disfrutar de una experiencia inolvidable y, afortunadamente, repetible. Estrenó tarjeta de embarque con algo más que un número de asiento bajo su nombre y sus apellidos. Impreso con la tinta invisible del orgullo, en aquel billete figuraba también el triunfo de sí misma sobre lo que le impedía serlo, el éxito de un campeón que vence sin concesiones, la reserva de ida y vuelta hacia un presente sin límites. Porque Lucía no había mentido a nadie cuando juró ser incapaz de volar. Simplemente, lo hizo.
17 marzo 2009
Estupidez infusa
La bofetada sonó más fuerte que la canción de Bunbury. Según supo más tarde por una amiga común, entendió “polvo” en lugar de “poleo”. Pero él no se libró de explicarle a su amiga a qué venía esa estúpida frase. Le contó que se consideraba un romántico y que, cuando se enamoraba, se enamoraba de verdad, aunque en este caso no conociera de nada a la defensiva muchacha. Le aseguró que todo habría salido bien de haber especificado más. “Menta-poleo”, por ejemplo. Y aunque su amiga intentó persuadirle para que dejara de ser tan gilipollas, él estaba convencido de que lo único que debía hacer era vocalizar mejor.
11 marzo 2009
La confesión de la piedra
Y miras. Y adviertes tras sus cuerdas la presencia de los muros que debías haber ignorado. La piedra dura y fría cuya composición vertical permite al horizonte ser horizontal, ofrece a la calle un límite que delimitar y protege a la gente de las gotas diagonales que sus paraguas no pueden parar. El violín no cesa. Y sus notas comienzan a hablar. Ya no ambientan, ahora cuentan la verdad. Ya has visto los muros. La pared de una ciudad que late lateralmente, en la que la inercia es inerte, donde la vida es vidente. El futuro revelado por la melodía se talla con cada gota sobre la piedra de Villamayor. Peligro, no tocar.
Y tocas. Y sientes en las yemas de tus dedos que la piedra no es dura y fría, que la lluvia la convierte en arcilla caliente. Una arcilla centenaria que soporta toneladas de historia en cada bloque, esperando desde hace siglos el momento de reclamar la atención. Pero llueve y no importa nada más. Podrías seguir hacia adelante, con la vista al frente, sin mirar a los muros. Pero ya has mirado. Y la piedra ya no es blanca. Se oscurece al contacto con el agua. Se confiesa, grita en vertical y hacia abajo reclamando por fin tu atención. Lo sabrás cuando camines bajo la lluvia por la Rúa Mayor. Podrás mirar al frente, ignorar el violín, olvidar la melodía. Y nada importará. El truco consiste en no mirar a los muros, pues el horizonte siempre regala un placentero espejismo.
04 marzo 2009
Las reinas del drama
Era una de esas chicas que se creen protagonistas. No sólo de su propia vida, también de las vidas de los demás. Me las encuentro a cientos. Acuden con frecuencia al discurso de la autoestima, pero no dejan de recordarse que están en este mundo para llamar la atención. Y lo peor que puedes hacer es preguntarles cómo están, porque entonces te harán sentir que tu pregunta es muy inoportuna. Son las reinas del drama. Cualquier saludo, comentario o halago que les dirijas se volverá contra ti como una bocanada de culpa porque, querido y desacertado amigo, las habrás pillado en uno de los peores días de su vida. Siempre es uno de los peores. No intentes agradar, ni mucho menos pretendas arreglar su malestar. Porque cualquier intento de ofrecerle positividad no logrará más que hacerles la competencia a sí mismas dentro de su particular y centrípeto mundo adverso. Si eres listo serás de los que lo dejan estar y tal vez hayas observado además que su afección, en su entorno, es altamente contagiosa.

01 marzo 2009
Obaminator
"Las cosas buenas, además de serlo, lo tienen que parecer. En eso Obama no necesita asesores. Tampoco ha necesitado una muchedumbre entusiasta, música alegórica de fondo ni aplausos como contrafuertes. En esta ocasión ha bastado una cámara y uno de los fondos más feos del Ala Oeste para confirmar que tiene los Presupuestos como el caballo de Espartero".
Sigue leyendo en mi otro blog.
Son las 20:14 del domingo 1 de marzo y aún creo en la política.
19 febrero 2009
El ojete de Dios
Cansado de tanto ateo-bus y tanta mierda, Dios lanza un ultimátum a la especie humana. Su mirada lo dice todo: se está pensando seriamente lo del Apocalipsis. Esto, que lo mismo es un viral de esos, lo ha grabado supuestamente un chaval de 18 años en Turquía. Dice que lo vio cuando caminaba junto a una mezquita y que se cagó de miedo. Lo ha publicado hoy The Sun.
14 febrero 2009
Valentín, santo varón
Amándote en secreto como te amo desde los dieciséis años, quería puntualizarte algo en este día de San Valentín. Sé que te han contado que cada catorce de febrero acudo puntualmente a las seis de la tarde al lugar en el que te propuse que fuéramos novios allá por 1989. Todos los años me presento allí, en la puerta del instituto, confiando en que aparezcas por el fondo de la calle vestida como aquella vez. Sin embargo nunca llegas, cosa que por otro lado es de suponer puesto que no hemos vuelto a hablar desde entonces. Creo que lo último que me dijiste fue “de qué vas”, seguido de un elocuente “piérdete, niñato”, pero como ves sigo enamorado de ti y confiando en que la fuerza de nuestro amor pueda superar la barrera de los años. Por eso hoy quiero hacerte una puntualización: que me han dado hora en el dentista a las cinco, así que si vas a ir a lo mejor llego un poco más tarde.
13 febrero 2009
Tablón de anuncios
Te conocí el mes pasado y no puedo dejar de pensar en ti. Soy el portero de la discoteca Eclipse y aquella noche me preguntaste “dónde hay una biblioteca”. Normalmente me preguntan por la parada de taxis o la máquina de condones. A uno que me preguntó dónde estaba mi cuello le calcé una hostia que casi lo reviento. Pero nunca me habían preguntado por una biblioteca. Llevo 30 años esperándote, conociendo a miles de chicas guapas arregladas hasta la perfección, y creyendo que si la belleza está en el interior es porque yo la dejo pasar. Pero te vi y todo cambió. Y luego desapareciste. Si lees esto, escríbeme al buzón 5572.
Publicado hoy por Luna en el Diario B:
Llevo varias semanas sin pegar ojo. Te pregunté por una biblioteca y me indicaste hacia la calle del Sol. Era de noche y estaba cerrada, así que volví al día siguiente al lugar donde te conocí, pero era de día y estaba cerrado. Llevo 25 años buscando algo que hacer por las noches aparte de leer. Buscando a alguien que me saque a pasear, que me lleve a divertirme y me abrace de madrugada. No soy una de esas chicas que se desenvuelven en público y sin pudor. Yo busco el ocaso, necesito protección. Si lees esto, espérame cada noche en el mismo sitio. Volveré en el próximo cuarto menguante.
12 febrero 2009
¿Es esto la vida real?
Llevo dos semanas sin Internet por culpa de los hijos de puta de Orange (que me perdonen las putas). Estoy muy a punto de perder todos los contactos de mi móvil porque me ha dejado de funcionar de repente. Tengo que formatear mi disco duro urgentemente. Y además se ha fundido la bombilla de mi cuarto. Todos estos problemas no serían más que gilipolleces si pudiera hacer una vida normal, pero llevo tres semanas esperando a que la Seguridad Social autorice al seguro de mi empresa a que comience la rehabilitación de mi hombro. Para añadir dramatismo shakespeariano, creo que tengo una caries. Por eso al igual que David, el niño dopado en el dentista, a veces me pregunto si esto es la vida real. Y sobre todo, por qué os gusta tanto descojonaros de mí y de mis pequeños problemas... David, yo te comprendo: ¿va a ser esto para siempre?
Gracias por el vídeo, Lele.
26 enero 2009
18 enero 2009
Nervio y ansia
De aquí al martes todo será hacer tiempo. Mientras tanto, os dejo con él:
Faltan 1 día, 19 horas, 3 minutos y 54 segundos para que algo cambie en
Washington, aunque sólo sea la retórica.
11 enero 2009
La rosa y el cactus
Pasados los meses y los granos, mi primera novia hizo un suave pero sólido dictamen sobre aquella perilla que volvía a crecer: mis pelos le irritaban la cara. Por eso podaba a diario con mi maquinilla de afeitar aquellos pinchos faciales que impedían a aquella chica de cutis sensible acariciar la rosa que había elegido.
Ahora intento reservar los besos a mi particular altar de lo sagrado. Ese sancta sanctorum de las cosas demasiado importantes como para utilizarlas en vano. Allí guardo el matrimonio, la comunión, los “te quiero” y la música de Queen. Prohibido utilizarlos en vano. Estoy haciendo sitio a los besos. No gastarlos en labios que no venero, llevarlos rápido a otros paisajes próximos. Reservar la húmeda caricia de la lengua para los destinos en los que no miente.
Por eso ahora me dejo crecer un poco de barba. La suficiente para irritar cualquier tez anónima, pero lo bastante corta como para no acariciar. Cuidando ante el espejo estas púas de mi cara que, como el cactus, dicen sin embustes que “si me tocas te dolerá”. Y temiendo ante el espejo que seas tú la rosa que me va a afeitar el alma con navaja.
07 enero 2009
La verdad sobre los Reyes Magos
El 7 de enero Marquitos no dejaba de darle vueltas al mismo asunto. ¿Debía o no debía contarle a su padre que había descubierto la verdad sobre los Reyes Magos? Cierto es que el día anterior había pasado quizá el mejor día de reyes de su vida, a pesar de que fue el primero que no pudo compartir con su mamá. En la mañana del primer 6 de enero después del divorcio de sus padres, Marquitos abrió sus regalos con más ilusión que nunca. Y eso que sólo unas horas antes, presa del más absoluto asombro, había descubierto a su padre colocándolos sobre el sofá del salón.
Ocurrió más o menos a las dos de la madrugada. En los últimos tres meses Marquitos no dormía bien. Antes, era su madre quien le arropaba en la cama, le leía un cuento y le daba un beso de buenas noches cuando ya se había quedado dormido. Desde octubre, lo hacía su padre. Le arropaba en la cama, le leía un cuento y le daba un beso de buenas noches, porque Marquitos fingía quedarse dormido para que papá no sintiera que algo estaba haciendo mal. Pero le costaba dormir. Aquella noche de reyes, además, se hacía mucho pis.
Marquitos se levantó de la cama confiando en que aún no hubieran llegado los reyes. Miró el reloj: eran las dos menos cinco. "A lo mejor hasta las dos no llegan", pensó, y abrió la puerta de su dormitorio para cruzar con decisión el pasillo que llevaba hasta el baño. Pero había luz. A medio camino, donde estaba el salón, alguien hacía ruido. Marquitos comenzó a temblar de emoción. Sabía que no debía ver a sus majestades de Oriente, pues podrían marcharse enojados con sus regalos y castigarle con carbón. Pero la tentación era demasiado fuerte, incluso para un niño de seis años. Se acercó en silencio hasta la puerta y, confiando en que los tres reyes estuvieran ocupados y de espaldas, asomó la cabeza. La sorprendente realidad estaba ante sus ojos: no era otro más que su padre el que colocaba los regalos.
Con la boca y los ojos abiertos como platos, a punto estuvo de hacerse pis encima. Llegó al baño por los pelos, donde continuó con la boca abierta. Pensaba en todo el tiempo que había pasado ignorando la verdad, en todos esos impostores de barba y corona que decían tonterías en el centro comercial, en el colegio y hasta en la tele. Lamentó que tantos y tantos niños tuvieran que seguir engañados, pero entendió que era mejor así. Salió del baño y, antes de volver a su cuarto, decidió echar otro vistazo al salón. No porque no pudiera creerlo, sino para contemplar de nuevo a su padre. Esta vez sin sorpresa, sólo con el tremendo orgullo de ser hijo de aquel hombre. El que le había convencido de que debía dormirse antes de que llegaran los reyes. El que pasaba tanto tiempo ocupado durante el año, seguramente preparando la noche más importante de todas, aunque tanto trabajo le costara la ruptura con mamá. El que no actuaba en grupo, sino repartiéndose la tarea para que les diera tiempo a visitar todos los hogares del mundo. El que pasaría el resto de su vida sin saber que su hijo había descubierto la verdad más emocionante de todas: que su padre era uno de los tres Reyes Magos.
