...que ahora es un Ford Mustang.
Si la película (sólo para TV) no está a la altura, me encargaré yo mismo de hacer lo que todos esperamos (...Hasselhoff, ten a mano el móvil). Que son veinte años esperando...
26 enero 2008
Había una vez un Pontiac...
24 enero 2008
Pensando en la Luna (III)
- “¿Me engañas con otra mujer?”, preguntó muy enfadada.
- “Eso nunca, Amanda”
- “Entonces, ¿qué es lo que pasa?”
- “Neil… ¿qué estás pensando? Necesito que me contestes, y necesito la verdad”
El astronauta no dudó. Miró a los ojos a su esposa y le dio esa verdad:
Fin
23 enero 2008
Pensando en la Luna (II)

- “¿Vienes mucho por aquí?”, se manifestó la alienígena, a la que Neil, para entenderse, bautizó con el nombre de Selena.
- “No, pero a partir de ahora creo que vendré más”
- “Con esa mirada me estás atravesando los corazones”, expresó telepáticamente Selena.
- “Y tú tienes los ojos más bonitos del universo”
- “Aquí la gravedad de eso es siete veces menor”, respondió psíquicamente Selena.
- “Pero te recordaré cada vez que mire a la Luna”, dijo Neil con una lágrima tras su traje de aislamiento.
- “Eso seguro que se lo dices a todas”, bromeó ella.
- “La verdad es que sí… pero esta vez es de verdad. Eres la alienígena más hermosa que he visto nunca”
- “¿Dónde te has metido, Neil?”, le preguntaron por radiotransmisión desde el centro espacial.
- “Ni te lo imaginas”, respondió. “Acabo de confirmar la existencia de algo sorprendente, algo a lo que la ciencia nunca ha sabido responder”, decía mientras activaba los controles del módulo lunar, listo para el despegue. “Muchos quieren creer, pero no tienen pruebas; otros niegan su existencia, pero no lo pueden demostrar. Sin embargo yo, tras lo que no ha sido más que un pequeño paso para un hombre, puedo asegurar que existe el amor a primera vista”.
22 enero 2008
Pensando en la Luna (I)
- “Neil, cariño, ¿te encuentras bien?”
- “Estoy bien, Amanda. Ya te dije que me duele la cabeza”
Siempre la cabeza. La excusa habitual cuando llegaba de trabajar. Ella siempre tragaba, al fin y al cabo su marido era astronauta, y todo el mundo sabe que eso estresa mucho. Pero ya se estaba cansando de tanta jaqueca.
- “Sabes que me hacen daño”
- “Y a mí tu silencio”
19 enero 2008
16 enero 2008
El año que fui Presidente (V)
Cuarenta helicópteros rodeaban la Estatua de la Libertad. Quince del FBI, otros quince de los militares, cinco de la policía de Nueva York y otros tres o cuatro de las televisiones. Diez mil agentes estaban apostados entre la orilla sur de Lower Manhattan, Ellis y Governors Island y Nueva Jersey. La Marina patrullaba la bahía y las orillas del Hudson y el East River y una veintena de cazas surcaban el espacio aéreo de la Costa Este, clausurado por un protocolo extraordinario de seguridad. En medio de todo ese despliegue, Marianne... esa francesita de bronce cuyo brazo en alto alumbrando el horizonte representaba todo aquello que fui a reclamar.
- “Cathy, ¿tienes los documentos?”
Mi ex becaria, ahora Secretaria para la Sinceridad Federal, estaba junto a mí en lo alto de la estatua, en ese pequeño mirador de la antorcha al que miles de puntos de mira telescópicos señalaban más por curiosidad que por seguridad.
- “Los tengo, señor Presidente. Todos los que me pidió”
Catherine Lee Myers, licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard, me había traído algunos papeles necesarios para mi último discurso. Todo estaba dispuesto, el mundo entero estaba mirando y yo estaba listo para comunicar mi mensaje. Así que me bajé los pantalones, me di la vuelta y me agaché levemente.
- “Cathy, primero la Declaración de Independencia”
La jefa del Departamento para la Sinceridad Federal me entregó el documento original redactado por Thomas Jefferson, padre fundador tantas veces traicionado por los que le sucedimos en el cargo.
- “Aquí tiene, señor Presidente… 4 de julio de 1776”
Una vez vi en una película cómo robar estas cosas, pero para Cathy fue mucho más fácil gracias a sus cualidades, que ya he descrito anteriormente. Me limpié el culo con la Declaración, antes de seguir con la Constitución y sus enmiendas. De la primera a la vigésimo séptima, una a una fueron pasando por mis nalgas presidenciales en lo que se estaba convirtiendo, sencillamente, en la mejor página de todas las que se habían escrito en la historia de este país.
- “Ahora la bandera, Catherine”
- “He elegido una de seda, señor Presidente. No hace falta que me lo agradezca”
Obviamente, allí acabó mi mandato, pero también doscientos treinta y pico años de política en descomposición. Sin referencias habría que comenzar desde cero. Y no sería conmigo. Me aplicaron la sección cuarta del artículo dos de la Constitución, o sea, yo y todo mi gabinete nos fuimos a tomar por culo. Zacharias Y. Xayes fue el último presidente de una nación en declive. Hubo que fijar nuevos valores, redactar nuevos textos y comenzar a mirar hacia delante con la experiencia que dan los errores cometidos. Aquella última tarde del año que fui Presidente mi culo tuvo el inmenso honor de ver nacer los Nuevos Estados Unidos de América.
Fin
15 enero 2008
El año que fui Presidente (IV)
La becaria recogía mis cosas del despacho oval. Yo seguía haciendo balance de los últimos nueve meses.
- “Qué pregunta, señor… No sabría qué decirle… Creo que es usted un líder justo. Un hombre generoso que se preocupa por el bienestar de sus ciudadanos”
- “Comprendo. ¿Cómo te apellidas, Cathy?”
- “Lee Myers, señor”
- “Pues… Catherine Lee Myers, estás despedida”
- “Pero señor Presidente…”
- “¿Ahora qué opinas de mí, Catherine?”
- “Ahora creo que es usted un cerdo con pintas. Que me mira de una forma que no soporto. Y que quinientos dólares mensuales a cambio de aguantar su hedor es una miseria indigna de esta gran institución” –Cada vez tenía más claro que esta niñata engreída llegaría a ser presidenta.
- “Te nombro desde ahora mismo Secretaria del Departamento para la Sinceridad Federal. Ciento ochenta mil dólares al año, como el Secretario de Estado”
A la idiota le cambió la cara. Sabía que no me había vuelto loco y que lo que le acababa de decir no era ninguna broma.
- “Ehm… Tengo un montón de preguntas que hacerle, señor Presidente…”
- “Sólo contestaré a dos”
- “Como en sus ruedas de prensa… Entonces intentaré ser práctica. La primera es en qué consiste ese nuevo trabajo en mi nuevo ministerio... El de la Sinceridad Nacional”
- “Federal, Catherine, Sinceridad Federal, no te equivoques... Se trata de devolver a este país lo que le corresponde. Yo no soy justo ni generoso, Cathy, igual que mis predecesores. Y el bienestar de mis ciudadanos me preocupa tanto como el tuyo. Soy un presidente del montón… Pero tu Departamento para la Sinceridad Federal me sacará de la lista de los mediocres. Algo digno de esta gran institución, ¿comprendes? Adelante con la segunda pregunta”
- “Ehm… sí. ¿Por qué yo, señor Presidente?”
- “Porque cuando te lo explique serás capaz de mandarme a tomar por culo si no crees en esto. Y porque necesito tu perfecta combinación entre inteligencia, inocencia y ese par de melones capaces de convencer a cualquiera”
14 enero 2008
El año que fui Presidente (III)
Aquel año de mi presidencia fue el de la inclusión de Puerto Rico como el quincuagésimo primer Estado de la Unión. Vale que no es el mayor logro de la historia de nuestro país, pero al menos no intenté invadir Cuba cuando la palmó Castro ni acabé bombardeando Irán, como muchos vaticinaban. Durante mi mandato el hombre no llegó a Marte, no descubrimos la vacuna contra el sida ni pillamos a Bin Laden. Tampoco pude cerrar Guantánamo porque el cabrón de Bush lo hizo unas semanas antes de irse, por aquello de lavar su imagen.
11 enero 2008
El año que fui Presidente (II)
Llevaba sólo cuatro días en la presidencia y la prensa seguía publicando mierda sobre mí. Que si racista, que si mujeriego, que si soy un ex adicto a la marihuana con pretensiones de enriquecer a mis amigos… Como si todos esos cabrones nunca se hubieran fumado un porro o no hubieran intentado alguna vez ayudar a sus colegas. Pero la democracia es lo que tiene: tú ganas y te alegras… y ellos pierden y se joden.
- Catherine, dime una cosa… ¿Supermán tiene alas?
- No, señor Presidente. Lleva una capa, aunque no está muy claro que la necesite para volar…
- Gracias Cathy.
Mientras se me ocurría algo digno con lo que pasar a la posteridad, no podía dejar mirar a las tetas de Cathy. “Cada vez las becarias vienen con mayor formación”, le dije al cerdo de Franklin Dean, mi Jefe del Estado Mayor Conjunto. Nos reímos un rato, nos fumamos un puro y nos pusimos a hablar de la liga. Ya encontraría mi obra maestra con la que marcar mi nombre a fuego en los anales de la historia.
09 enero 2008
El año que fui Presidente (I)
- Señor Presidente, le traigo parte del informe del Departamento de Justicia. Faltan algunos folios… se los daré en cuanto pueda porque la impresora se ha atascado.
La golfa de Cathy hablaba como si quisiera sentarse en mi butaca, y eso que no era más que una jodida becaria. Tenía la sensación de que cualquier día me iba a decir qué país invadir, con esa cara de empollona y ese par de melones que hacían ondear la bandera del salón Lincoln.
- Catherine, disculpa… ¿me estás diciendo que no puedes imprimir el informe porque la impresora no funciona?
- Más o menos, señor Presidente. En realidad sólo se ha atascado.
- Ya… Se ha atascado la impresora y no puedes imprimir el informe del Departamento de Justicia.
- Sí, señor Presidente… Yo lo siento, pero los informáticos dicen que…
- …No me interrumpas. A ver si lo he entendido. Se ha atascado una puta impresora en la puta Casa Blanca y no hay manera de que imprimas el puto informe confidencial del Departamento de Justicia… Ni hay nadie en todo el puto Distrito de Columbia que pueda arreglarlo… ¿Es así?
- Con el debido respeto, señor Presidente, los informáticos dicen que lo arreglarán enseguida.
- Entonces, ¿por qué no has esperado, Cathy, a traerme el informe completo?
- Lo siento, señor Presidente, pensé que quizá querría tener esta primera parte...
- No, Catherine. Yo sólo recibo informes completos, ¿lo has entendido?
- Sí, señor Presidente.
La gordita se marchó con los humos bajados, inclinándose hacia mí antes de salir por la puerta, como si yo fuera el Papa o uno de esos reyes europeos… Tal vez para ella era una mezcla de ambas cosas. Al fin y al cabo estaba delante del Presidente de los Estados Unidos de América.




