12 febrero 2007

Venus


Es un atardecer en cualquier lugar del mundo. Nada me amarra, yo llevo el timón. Hoy aquí, mañana allí. Así es la vida, al menos la mía. Sabes que nunca he ido a Venus en un barco. Ni falta que hace. No sé en qué río navegar, pero alguno surcaré esta tarde.

20 enero 2007

Al máximo

-"Perdona, chica, es que a veces se me olvida que tienes novio... de ahí viene todo, ¿captas? A veces hasta se me olvida que yo también tengo novia..."

Julián se estaba metiendo en un jardín, y a punto estaba de meterse también en un lío. El caso es que donde él quería meterse no había manera de hacerlo. Su compañera Esperanza, una rubia espectacular con la que compartía despacho, le acababa de llamar por teléfono para pedirle que, por favor, dejara de comportarse así en horas de oficina.

-"En serio, Espe, a veces se me olvida, y claro, cuando se me olvidan las dos cosas a la vez pues es cuando digo todas esas tonterías, pero vamos, que no te preocupes... Lo capto. O sea, que lo siento si te he molestado, pero que no es por nada, ¿captas? Solamente es eso, que soy un poco así, ya sabes, como que no sabes por dónde te voy a salir..."

Ni él mismo sabía por dónde iba a salir de ahí. Lo de Julián no era mala fe, era simplemente una forma de entender la vida. Con ella, con la vida, había firmado su único compromiso serio. El compromiso de vivir cada momento intensamente, dejando en un segundo plano todo aquello que él consideraba chorradas, aunque para mucha gente esas chorradas ocuparan los puestos más altos de sus listas de prioridades.

-"Pero en serio, que no te preocupes. Que tienes razón. Se acabó, si es que soy como un niño grande, pero en serio..."

En realidad, más que un compromiso con la vida, lo que había firmado Julián era un seguro contra la muerte. Puesto que todo algún día se iría al carajo, Julián prefería ser previsor y apurar cada instante al máximo, para que cuando vinieran las vacas flacas en ataúd y mirase atrás, hubiera cotizado algo más que dinero y estabilidad. Para este adolescente de 35 años lo único estable era la muerte que, lo quieras o no, nos espera a todos detrás de esos planes de hogar, poder y fama tan presentes en las agendas de tanta gente.

-"Esperanza, discúlpame, no quiero volver a molestarte, si es que..."
-"Julián, si no me molesta... No me entiendes, sólo te pido..."
-"Sí, que deje de comportarme así en horas de oficina. Si te entiendo, de verdad, si es que a veces..."
-"En horas de oficina, exacto... ¿Captas tú ahora?"
- "¿Cómo?"
-"Que si nos vamos a tomar algo..."

(Esta historia continuará... en miles de vidas)

15 enero 2007

Hoy he vuelto a rezar

Cuando se acerca el final rebrota la fe. La divinidad y la ceremonia surgen con la primera visión de la nada. Hoy he vuelto a rezar. Por aquellos recuerdos que sé que morirán pronto. Por nuestra historia que, si comenzó, me pilló ausente y apestado de excusas. Una oración por el eterno descanso de todas esas tardes que no pasamos juntos en el salón, escuchando un disco, acariciando tus manos sobre el piano. Plegarias infinitas por el sol que habría entrado por el ventanal mientras hacíamos el amor sobre las teclas negras y blancas, componiendo la sinfonía de lo que pudo ser y, si fue, me pilló ausente y apestado de excusas. Un salmo de cuerda percutida entonado por tu voz divina y ceremoniosa. Divinidad y ceremonia ante la nada que se avecina. Porque todos esos recuerdos, mi dulce amor, van a morir muy pronto. Estuve ausente, apestado de excusas. Pero te libré del mal. Amén.


11 enero 2007

Feliz aniversario, Sr. Presidente

"Estimado Sr. George W. Bush,
Ahora que está a punto de cumplirse el 5º aniversario del campo de detenidos de Guantánamo, quiero felicitarle a usted por varios motivos:

1. Por habérselas arreglado para mantener un centro de detención ilegal abierto durante tanto tiempo ante la pasividad de la comunidad internacional;
2. Por intentar reducir a cenizas la Convención de Ginebra, después de más de medio siglo de vigencia;
3. Por haber descubierto que hay seres humanos sin derechos humanos;
4. Por mantener bajo detención prolongada a cientos de detenidos sin cargo ni juicio, permitiendo las torturas y los malos tratos;
5. Por hacer desaparecer a un número desconocido de personas, y por hacerlo, eso sí, en nombre de la libertad;
6. Por haber conseguido que sean admisibles las pruebas obtenidas mediante tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes;
7. Por conseguir que muchos países, entre ellos muchos de Europa, le presten sus bases y aeropuertos para dichos propósitos.

Por todo ello, le hago llegar mis felicitaciones. Pero de paso, también le envío mi más airada condena y rechazo a la existencia de Guantánamo y el resto de centros de detención.
Le exijo a usted que cierre el centro de detención de Guantánamo y que libere a los detenidos a menos que los acusen de un delito común reconocible y los juzguen de conformidad con las normas internacionales de justicia procesal, en un tribunal que no imponga la pena de muerte".


Guantánamo es esto

06 enero 2007

Vero y el bombero

"¿Qué te han traído los Reyes?", le preguntan a Veronique cada 6 de enero. Ella siempre dice "nada", aunque no es del todo cierto. Los últimos años, los regalos que había recibido no eran para compartirlos. Desde que su gatita "Terrace" se cayó del balcón un 6 de enero hace cinco años, el día de Reyes era un día maldito para Veronique. Al año siguiente su novio la abandonó antes de comer el roscón. Un año después perdió en el fregadero el anillo que le había regalado su abuela materna. A los siguientes Reyes sufrió una fractura en la rodilla tras tropezar en la escalera y el año pasado vio cómo el banco se llevaba su colección de música por no poder pagar un crédito. Todas ellas, desgracias acontecidas en su casa y en la misma fecha, así que, por un momento, Vero estuvo tentada de pasar la noche de Reyes sola en un hotel.

Pero no lo hizo, y amaneció el sábado bajo una espesa nube de humo. El monóxido de carbono inundaba su dormitorio y Veronique se vistió con lo primero que encontró: el vestido de la última nochevieja. No había sido el incendio, sino un bandoneón al otro lado de la puerta interpretando con brío las notas de la cumparsita lo que la había despertado antes de que fuera demasiado tarde. Salió del dormitorio y allí, en medio del salón, estaba el hombre que la había salvado del inesperado incendio. Un apuesto bombero bajo un sombrero color burdeos apagaba las últimas brasas de la última desgracia en la vida de Veronique. Tiró el extintor, arrojó su sombrero y se dirigió hacia ella entonando la vieja estrofa:

"Con permiso, soy el tango.
Yo soy el tango que llega
por las calles del recuerdo.
¿Dónde nací? Ni me acuerdo...
en una esquina cualquiera;
una luna arrabalera
y un bandoneón son testigos.
Yo soy el tango argentino,
cuando guste y donde quiera"


Foto: Unión Tanguera, Biennale de la danse 2006 (Lyon)

30 diciembre 2006

Nunca un informativo llegó tan alto

El que tenga oídos, que oiga. El que tenga ojos, que vea. Dichoso el que cree sin haber visto, y quienes lo vieron, recuerden por siempre que así sucedió. Lo que ven aquí es real, y así quedará para la posteridad. Con ustedes, uno de los momentos más sublimes de la historia de la televisión.

26 diciembre 2006

La cagamos

Me congratula anunciar desde aquí el fin del mundo:
EL CAMBIO CLIMÁTICO ES INEVITABLE
Feliz martes

24 diciembre 2006

Portada de TIME (VII)

Pasaron varios meses desde aquella tarde en la que Bob Woodstein le pidió a Irma, la limpiadora, que tradujera la carta de Juancho. Desde entonces, cada tarde, el periodista reservaba unos minutos para charlar con su compañera puertorriqueña. A veces era durante la hora del café, otras veces justo antes de irse a casa. Irma no sólo le había contado cientos de historias sobre su vida y las vidas de sus compatriotas, sino que le había descubierto al veterano periodista que cada persona contiene un valor difícil de cuantificar, que no se mide en dólares o experiencia, un valor que no se plasma en tarjetas de visita o en un currículum. Bob podía suponerlo, de hecho siempre presumió de ser un tipo sin prejuicios. Bob Woodstein, experimentado redactor de Time, no era particularmente racista, homófobo ni rechazaba a nadie por pensar diferente. Pero su profesión, su sociedad y su propio paso por la vida le habían inoculado el vicio de marcar con el "sí" o el "no" a la gente nada más conocerla. No lo había hecho conscientemente. Es más, cuando descubrió su defecto se propuso repararlo inmediatamente. Era el primer propósito de año nuevo de su vida, y su idea fue directamente a la portada. A Bob Woodstein le había tocado la tarea de elegir al personaje del año y recordó la indignación de aquel lector español que protestaba por la ausencia de rostros importantes en la primera plana de la revista. Bob, recientemente maravillado por los tesoros ocultos dentro de cada ser humano, corriente y anónimo, decidió que este año habría seis mil millones de "people of the year". No lo dudó: ordenó colocar un espejo adhesivo en cada una de las portadas de la última revista del año y a cinco mil setecientos kilómetros de allí, Juancho, un tipo de Móstoles calvo y un poco narizotas, vio cumplido su propósito. Antes de terminar el año logró ser portada de Time.


Si tú también quieres verte en la prestigiosa portada ve durante la próxima semana al kiosco. La revista viene además muy pero que muy interesante, con reportajes sobre YouTube, gente anónima, Second Life... De verdad, cómprala (no me llevo comisión). También puedes ver la portada original en la edición digital, pero créeme, no es lo mismo...

Esta entrada es la continuación de Portada de TIME I, II, III, IV, V y VI.
Gracias a todos por vuestra existencia y feliz Navidad.

12 diciembre 2006

El Capitán Chacón

El viento soplaba fuerte en los alrededores del aeropuerto de Manises. No era el mejor día para volar en pruebas, pero la visita del capitán Chacón llevaba organizándose varias semanas como para suspenderla por un poco de temporal. El rango del militar era demasiado alto y los responsables de la base demasiado testarudos: unos nudos de levante no podían alterar la agenda de tan ilustre visita... así eran las cosas durante el régimen.

El capitán Chacón era, sin embargo, un hombre cabal. Cuando fue recibido en las dependencias de la base aérea por los militares de mayor graduación aclaró que no tenía intención de volar mientras continuase el viento. Pero los más veteranos trataban de convencerle asegurando, sin garantía alguna, que la tormenta no llegaría a producirse. Pasó una hora y la visita llegaba a su fin. Era el momento de decidir: vuelo sí o vuelo no. Si el capitán Chacón abandonaba la base sin observar desde el aire las instalaciones no quedaría registrado en el libro de honor que el insigne militar sobrevoló Manises en uno de sus aparatos. Así que, con retórica y muy poca prudencia, los mandamases lograron que el capitán accediera a subirse a una avioneta. "El reconocimiento aéreo se hará con una única condición", dijo el capitán. "Volará conmigo el mejor piloto de la base".

El capitán Chacón acababa de alterar el orden del día. Estaba previsto que volara él solo, o acompañado por uno de sus asistentes. Sin embargo, su exigencia fue clara: quería al mejor y los altos mandos de la base tuvieron que llamar a Salvador, que disfrutaba de un día de permiso. No tardó mucho en personarse ante sus superiores. Salvador, uniformado y listo para despegar, no temía a la tormenta que se avecinaba, si bien él nunca habría elegido aquella tarde para dar un paseo en el aire. "¿Cree usted que podremos despegar con este tiempo?", preguntó el condecorado aviador. "Sí, mi capitán", respondió el joven piloto.

Dicho y hecho. La avioneta despegó y en pocos minutos sobrevolaba el litoral valenciano. Era habitual poner rumbo al este, mar adentro, para tomar tierra enfilando la pista número 4. La más moderna y la más larga, la que se mostraba a las visitas. Pero el temporal cobró fuerza y los primeros relámpagos comenzaron a amenazar a los dos tripulantes. "Aterricemos cuanto antes", ordenó el capitán Chacón, justo antes de que el motor de la avioneta, el único motor, decidiese pararse para no volver a funcionar más...

La gravedad de la situación era evidente: aquel cacharro averiado en la tormenta no era más era un objeto pesado en caída libre. "Prepárese para saltar", espetó el capitán. El piloto, valeroso pero inteligente, preparó su paracaídas. El capitán trató de hacer lo mismo... pero no encontró el suyo. Tan increíble como cierto: a nadie se le había ocurrido revisar que la avioneta en la que volaría el capitán Chacón contaba con un segundo paracaídas. El joven Salvador, conocedor de la doctrina militar y poseedor de los valores que convierten a los hombres sencillos en héroes anónimos, entregó su paracaídas al capitán Chacón. Éste, sin mediar palabra, lo tomó en su mano. La avioneta seguía perdiendo altura y la costa aún estaba lejos.

"Mi capitán, no creo que pueda llegar a tierra si seguimos cayendo a esta velocidad. Salte ahora". El capitán no movió el paracaídas. "No saldré de esta avioneta sin usted", le dijo a un sudoroso Salvador. No había más consignas: a dos mil pies sobre el mar, uno de los capitanes más reconocidos del Ejército del Aire se acababa de igualar con un cabo de primera. Bajo la mirada de la muerte no hay rangos, sólo hombres valientes y hombres cobardes, y en aquella avioneta el valor era el único motor capaz de lograr un aterrizaje de emergencia. Tirando de la palanca de alimentación, el diestro piloto engañó a la ley de la gravedad. La hélice giraba de forma artificial, como agonizando, pero poco a poco la avioneta se aproximaba a la costa. El momento crítico, el contacto con el suelo, dependía además de la habilidad del piloto. Pero el capitán Chacón había exigido volar con el mejor, y eso fue sin duda lo que le salvó la vida. El aparato se posó sobre la pista número 4 con una inusual suavidad. Resultó casi burlesco. Aquella tarde, Salvador Torán se convirtió en el mejor amigo de aquel hombre valiente.


Esta historia era una de mis favoritas. Hoy soy yo quien la cuenta.
En recuerdo de Salvador Torán, mi padre, que hoy cumpliría 68 años.

02 diciembre 2006

Todo saldrá bien

No tiene mayor importancia, simplemente no estoy acostumbrado a perder. Pero si tú me enseñas sabré cómo hacerlo. Acompáñame en un último paseo. Juntos, de la mano, y pasaré página. Quedamos esta noche. Voy a buscarte y paseamos por la Castellana, como aquel día. Déjate llevar. Iremos a todos esos semáforos, seguro que te acuerdas. El primero en el que entrelazamos los dedos. El otro en el que nos miramos a los ojos antes de abrazarnos. Y todos esos en los que no te besé. Un último paseo desde Madrid hasta la base de las pirámides, por la orilla del Nilo hasta el más estrecho canal de Venecia. En góndola hasta alguna fría laguna del Ártico. Volveremos pronto, después seguiremos adelante. Todo saldrá bien. Y continuaré sin ti.