16 marzo 2008

Una conversación con Cuca


Cuca ya se ha despertado. Mi tortuga ha pasado el invierno sobando, como buena mauremys leprosa. Me he enterado hoy de que mi entrañable mascota pertenece a una especie con un nombre tan espeluznante, así que le he pedido disculpas por mi ignorancia durante todos estos años de convivencia, que ni siquiera sé cuántos son. Pero mi tortuga ya está acostumbrada a mi falta de rigor científico. De hecho ni siquiera es una tortuga, es un galápago, y durante años, hasta que le buscamos compañía, no supe si era macho o hembra. Tampoco me interesó demasiado, aunque ya les adelanto que es una hembra paciente y bondadosa, inmerecida para cualquier macho. Nunca logré la eclosión de uno solo de sus huevos y las bases de su alimentación las establecimos a través del principio de ensayo-error. Pero Cuca está estupenda y me quiere así, con mi falta de interés, y no creo que me tenga en cuenta que hasta que no he puesto hoy “galápago” en la Wikipedia no haya descubierto su especie. Al fin y al cabo ella también va a su rollo y creo que eso es lo que nos hace tan buenos amigos.

Como decía, Cuca se ha perdido varios meses de mi vida, así que hoy la he puesto al día. Creo que la última vez que nos vimos yo andaba medio rayado, planteándome casi con ansiedad qué quería hacer con mi presente. Pues nada, Cuca, sigo exactamente igual. Se mantiene mi relativa y preocupante satisfacción en lo profesional, aunque quizá observes que he ganado algunos kilos más. Hay alguna novedad en lo familiar y en cuanto a lo sentimental, aunque han pasado muchas cosas, estoy en el mismo punto que unos meses atrás. Lo de aquella chica terminó tal y como te dije que sucedería, así que todo va según lo previsto... qué coñazo es tener razón algunas veces. Pero qué voy a decirte yo en cuestiones de pareja, si soy quien te metió en la piscina con aquel galápago que medía la mitad que tú y te mordía las patas. Es el problema del dimorfismo sexual propio de tu especie, qué le vamos a hacer, a mí también me gustan mayores. Aunque es cierto que la fecha de nacimiento ha dejado de ser tan importante, Cuca. Después de todo ni siquiera sé cuántos años tienes tú, una de mis hembras favoritas, así que es absurdo que mis pretensiones con falda deban sacarme al menos unos meses. En ello estamos.

Por lo demás, sigo sintiendo la imperiosa necesidad de hacer algo que aún no sé qué es, pero percibo su urgencia. Me levanto cada mañana con la sensación de que éste es el día, y me acuesto cada noche confiando en que quizás será mañana. Los viajes, por trabajo o por placer, siguen siendo la búsqueda de otro algo que también desconozco, y cada libro que empiezo me mira con pena, como rogándome que no lo deje también a medias. He perdido algunos días con el brazo en cabestrillo y tal vez pierda algunos más antes de que vuelvas a dormir. Pero hasta entonces tendremos una primavera, un verano y un otoño en el que seguirás mirándome con esa cara de flipada. Porque aunque tú y yo hagamos
básicamente las mismas cosas, a ti nunca te invade el sentimiento de culpa. Hay que ver cómo molas, mi querida tortuga leprosa.



10 comentarios:

Isabel dijo...

Vaya, tu tortuga debe estar contenta de que la hayas puesto al día de tus intimidades... seguro te echaba de menos. Y qué le vas a contar de cómo te sientes, si seguro que te conoce bien. Espero que le gustase el macho que le buscaste. Y que no te invadan sentimientos de culpa por vivir. Besos.

Belén dijo...

Bueno, tu tortuga te querrá como siempre, seguro que ella no opina nada malo de ti...

Un besico

Jero Moreno dijo...

Aunque parezca extraño viniendo de mí, déjate de sensaciones. Mañana cuando te levantes, di: HOY ES EL DÍA... y ACTÚA con el corazón... con un corazón con razón.

Un abrazo, crack!

Libertad dijo...

Tuve una tortuguita que se llamaba Sofía (he de decir al respecto que me hacen mucha gracia las mascotas con nombres de persona, como José María, un antiguo perro de Buenafuente).

Sofía se pirraba por la carne picada cruda. Y por enganchar su boquita a mi dedo, como si fuera el postre. Nunca me dijo nada, pero hay qué ver cómo me escuchaba. A veces, es más urgente lo segundo que lo primero; a veces, al contrario. Me gustaría ivernar mañana y que al despertar me recibieran con una ración de mi plato preferido.

Porque las tortugas, con eso de no tener un gran intelecto, se pierden muchas cosas, pero saben disfrutar de las más importantes. Hazlo tú también, cabestrillo.

Besete.

Libertad dijo...

He escrito ivernar, ¿verdad? Quina vergonya. Fe de e.rae-tas: hibernar, por Dios.

Alma dijo...

Me alegro que tu brazo esté mejor y saludos a tu tortuga.

Para ti, besos salados

Anónimo dijo...

Hasta hace poco creía que no existía el día en que por fin pasase algo, que todo surgía porque así lo había decidido, y que si quería hacer "algo realmente urgente", sólo tenía que proponérmelo... y es las cosas de palacio van despacio, aunque quién sabe si al girar esa esquina por la que pasas a diario topas con un "noséquées", menudo susto, jaaaaaaaa, aish, me alegro de leerte, y gracias.
gmma

Arte_Facto dijo...

Tú sí que molas alf. Siempre en el clavo, ya me he vuelto a enganchar a tu blog.

Qué maja la Cuca.
Hoy hay mogollón de animales en mi casa, dos perros que no pueden estar en la misma habitación porque si no montan escenitas de sexo, dos peces y una cucaracha.
Esa es la ficha actual.

AccentLess dijo...

Debe molar ser tu tortuga, y asi poder escuchar lo que escribiras en un futuro aqui... y conocerlo antes que el resto de los mortales...

Pero mariconadas las justas... a ver que vas a pensar, que yo solo tengo intenciones de publicar primero, luego te acusaria de plagio, publicidad, visitas a gogo, ad sense, dinero... ya sabes, mi maquiavelico plan de control mediatico (que pasa por ponerle un microfono a tu tortuga, que gran idea!)

Anónimo dijo...

he amado mucho este texto.
amor a ella. quiero verla de nuevo.
besos alf

nico