08 abril 2007

Domingo de resurrección

Pasión y muerte si es preciso. Préstame tu pelo y cierra los ojos. Deja que mis manos te digan lo que no me atrevo a pronunciar. No digas nada, sólo cierra los ojos, tumbada en el sofá. Déjate acariciar, olvida la razón, es cuestión de fe. Yo la estoy perdiendo, ayúdame a creer de nuevo en mí. Siente las cosquillas, apoya tu cabeza y no abras los ojos. Dichoso yo, que creo sin haber visto este sueño prohibido que ojalá compartas algún día. No apagues la tele, no me molesta. Bajemos el volumen y subamos la temperatura. Mi mano comenzará a confesar lo que jamás me atreveré a decirte. Sí, es a ti. Sé que no debes, perdóname las consecuencias. Sólo por esta noche, pasión y muerte, y mañana Dios dirá. Te prometo que despertarás con un abrazo. Te desearé un feliz domingo, y tu olor bendito me hará desear también un lunes de resurrección.

29 marzo 2007

Atención, señores pasajeros


"El personal de este aeropuerto y las autoridades de nuestro país les dan la bienvenida y les desean una feliz estancia. Por favor, diríjanse a las cintas mecánicas para retirar su equipaje y tengan la precaución de no perder de vista sus pertenencias. Rogamos a los señores pasajeros procedentes de vuelos internacionales que acudan a la zona señalizada para pasar los controles pertinentes. Por favor, no olviden llevar a mano su pasaporte y otros documentos que deban presentar en la aduana para evitar la prolongación del tiempo de espera, ya que la vida es sorprendentemente breve. Aquellos que viajen sin nada que declarar, diríjanse a la salida. Quienes deban declarar equipajes, háganlo en los mostradores destinados a tal efecto. Y quienes estén aquí por alguien especial por quien haya merecido la pena realizar el desplazamiento, tengan la cortesía de no dejarse nada en la recámara. Porque tal vez cuando vuelvan a verse ya nada sea igual. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero el personal de este aeropuerto, experto en retrasos, kilómetros y cancelaciones puede asegurarles que el tiempo, más que curar, hiere. Así que no duden en decirse todo lo que tengan que decirse y hacer todo lo que deban hacer. Porque de nada servirán las promesas, los deseos y las lágrimas de aeropuerto. Señores pasajeros, el tiempo y la distancia lo cambian todo, y a través de ellos no se pueden efectuar reservas. La próxima vez todo será distinto. Por su propio interés, no lo olviden. Para cualquier otra información pueden acudir a los mostradores o dirigirse al departamento de atención al pasajero. Muchas gracias por su atención, valor y buena suerte".

27 marzo 2007

Habla con tu médico

¿Te salen burbujas inmobiliarias? ¿Se te está empobreciendo el uranio? ¿Te duele España? Si es así, no acudas al Doctor Geller. La prestigiosa publicación que acaba de ver la luz en las calles madrileñas sólo aborda temas importantes: series de televisión, Hollywood, cambios hormonales y París.

Dr. Geller, proyecto parido, previamente gestado y anteriormente fecundado por el inimitable Clark Kent es mucho más que un fanzine. Es un punto de encuentro para compartir todas esas inquietudes que de verdad importan: ¿qué es mejor, el Cola Cao o el Nesquik? Los gofres, ¿con o sin chocolate? Estas y otras cuestiones son abordadads en sus páginas y también en su participativo blog.

Dr. Geller, el consuelo a tu desazón, lo puedes encontrar en:
Madrid Comics: C/ Silva 17 (metro Gran Vía)
Elektra Comics: C/ San Bernardo 20 (metro Gran Vía)
The Comic Co.: C/ Divino Pastor 17 (metro Tribunal)
Akira Comics: Avda. Betanzos 74 (metro Herrera Oria)
Internalia: C/ Galileo 84 (metro Islas Filipinas)


http://doctorgeller.blogspot.com/

18 marzo 2007

Una llamada perdida


Te parecerá mentira que te escriba ahora. No sé si es una sorpresa agradable o si te molesta que me entrometa en tu vida después de tantos años. Ni siquiera sé si conservas esta dirección de correo electrónico, así que algo me dice que jamás llegarás a leer este mensaje. Pero quería devolverte aquella llamada perdida... aunque sea doce años después.

¿Cómo te va todo? Supongo que tendrás un montón de novedades desde aquella tarde de primavera de 2007 en la que quedé en llamarte a las ocho. Quiero pedirte disculpas. A mí no me va mal, o al menos eso es lo que la gente dice. Conseguí dejar el periodismo después de muchas dudas. Ahora me gano la vida escribiendo columnas y alguna que otra novela, me mudé a este apartamento en el Upper West Side de Manhattan y no me falta compañía, aunque no logre que sea la misma todos los meses. De algún modo es como si se hubieran ido cumpliendo mis aspiraciones, si bien no encuentro nada más preocupante que este camino hacia la satisfacción. Los que creen en la suerte dicen que soy un afortunado, y los que no, aseguran que soy de los que toman siempre la decisión correcta. Yo, que no sé en qué creo, prefiero pensar que hay un poco de las dos cosas, aunque me temo que en esa combinación entre fortuna y puntería hay algo que no termina de dar buenos resultados.

Mañana cumplo cuarenta años y cuando miro atrás soy incapaz de distinguir dónde he dado esos pasos certeros que fueron desviando mi camino hasta esta sexta planta de un bloque residencial en Nueva York. Si quisiera volver atrás no sabría dónde pisar primero, pero tampoco querría hacerlo, salvo para cambiar alguna que otra decisión equivocada. La que tomé a las ocho de la tarde de un domingo en la primavera de 2007 está demasiado lejos, así que no te preocupes, esto no es más que un email a punto de desaparecer.

Cuando le dé al botón de "enviar" estas palabras tal vez se pierdan en el ciberespacio hasta estrellarse contra un buzón de entrada bloqueado por el paso del tiempo. No importa. Quizá en su viaje por la nada se crucen con las palabras que iban a pronunciarse en aquella llamada que no llegué a contestar. Si entre ellas logran entenderse ya habrán conseguido más de lo que conseguimos nosotros hace doce años. Si no se entienden o ni siquiera se cruzan compartirán conmigo la sensación de haber recorrido el camino correcto en el que, a pesar de todo, lo que debió haber sido al final nunca llegó a ser.

14 marzo 2007

Cuando seas mayor

No es que fuera especialmente listo, pero si había algo que le molestaba a Tomás era sentirse tonto. Ya de pequeño tenía que enfrentarse cada dos por tres a esa dichosa frase que parecía servir como respuesta a todas sus preguntas: "cuando seas mayor lo entenderás". A veces era su padre, otras veces su madre o alguna de sus hermanas mayores. Siempre salían con la misma coletilla. Lo preguntaba casi todo porque le incomodaba no entender casi nada. No entendía, por ejemplo, por qué su hermana llegaba llorando a casa después de cada clase con su profesor particular. ¿Por qué lloras si es evidente que te has liado con él durante toda la hora y media? Cuando seas mayor lo entenderás. Tampoco comprendía por qué en esa película la rubia le propinaba al arrogante del sombrero una sonora bofetada y acto seguido se besaban apasionadamente. ¿Por qué le pega entonces? ¿Se quieren o se odian? Preguntas, también, para mayores.

Tomás decidió no preguntar más y esperar al momento de obtener las respuestas. Hasta que un día, acercándose peligrosamente a los veintisiete, recordó todas aquellas dudas que le asaltaban ante ese tipo de situaciones. Qué desagradable fue descubrir que seguía igual que entonces. O es que a su edad no era todavía lo suficientemente mayor como para entender todo aquello que nadie le quiso explicar nunca... o bien es que era el único gilipollas de la familia. Pero seguía sin entender nada. Tomás no era especialmente listo, pero quizá de pequeño no se habría sentido tan tonto. Porque al menos cuando era niño nadie le quiso contestar. Pero ahora, ya mayorcito, había asumido como normales todas esas cosas inexplicadas.

28 febrero 2007

Días grises

Si te conociera mejor tal vez sabría decirte la palabra exacta, la frase oportuna que alivie un poco la angustia de estos "días grises". Pero a pesar de la empatía seguimos siendo unos desconocidos. Me encantan las risas, pero quizá hoy necesitas algo más. Sin embargo siento que no puedo hacer nada desde este lado de la ventana. Sólo puedo regalarte este arco iris que coloreó mi gris fin de semana. Espero que pronto lo veas también en uno de los tuyos.

27 febrero 2007

El Cerro Uritorco

Dicen que hay un momento para todo, también para ir al Cerro Uritorco. Cojamos las mochilas, la tienda de campaña y vayamos a pasar el fin de semana. Hagámoslo por todos aquellos que lo dieron todo. Con valor, con su propio sacrificio. El Cerro Uritorco está plagado de historias. De experiencias no vividas. Allí, enterradas bajo capas de tierra, están todas esas fiestas que siempre soñaste pero que nunca se celebraron. Un arqueólogo encontraría todos los momentos que alguna vez deseaste vivir pero que te pasaron silbando delante de la cara. ¿Por qué los dejaste pasar? No te preocupes, todos están en el cerro, esperando. ¿Cuántos años tienes? ¿Veintiséis? ¿Veintiocho? ¡Vamos! Es el momento. Por todos aquellos que se sacrificaron. Por los que no pudieron. Por todos nosotros. Al cerro ya.

22 febrero 2007

Retirada de tropas



Un ejemplo divertido del aburrimiento de los soldados. Lamentablemente, hay otros ejemplos de la denigración a la que lleva a veces ese aburrimiento. También del peligro y el pánico que sufren los soldados. El resto, lo vemos a diario. Cada día me da más asco esta guerra. Iraníes, id haciendo las maletas...

18 febrero 2007

Génesis

Al principio creó Dios los cielos y la tierra. Todo era soledad y caos y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Dijo Dios: "hágase la luz", y creó tus ojos. Los puso Dios en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno, los llamó estrellas, y pasó una tarde y pasó una mañana: el día primero.
El segundo día separó Dios la tierra de las aguas, moldeó las montañas y dibujó el contorno de tu piel. Dijo Dios: "hagamos la belleza", y del barro húmedo te creó perfecta. Y vio Dios que eras hermosa, te llamó Ángeles y pasó una tarde y pasó una mañana contemplándote: el día segundo.
Amaneció Dios algo triste el día tercero. Sembró la tierra de plantas y árboles, y te entregó sus semillas. Te regaló sus frutos para que te alimentaras de ellos y no te prohibió ninguno. "Con un fruto prohibido es suficiente", dijo Dios mirándote fijamente. Y no le entendiste... y pasó el día entero.
Y vio Dios que las bestias que poblaban la tierra, las aves que surcaban el cielo y los peces que se deslizaban en el mar no tenían nombre. Y creó Dios tus labios para que eligieras una palabra para cada uno. Sólo te prohibió una: "eternidad". Y pasaste el cuarto día jugando a nombrar las especies.
Vio que todas las palabras que habían salido de tus labios eran hermosas. Creó tu nariz para que respiraras el aire, tus manos para que tocaras el paraíso y tus pies para que lo atravesaras. Vio Dios que todo lo que había creado era bueno. Pero entre toda su obra sólo te premió a ti con la libertad.
El sexto día Dios te insufló su aliento. Su soplo de vida tocó tus labios y una lágrima brotó de los ojos de Dios. Comenzaste a existir, a su imagen y semejanza. Y pasó una tarde y pasó una mañana.
Amaneció el séptimo día y no encontraste a Dios. En medio de la creación, estabas sola en el mundo, buscando un sentido a aquel Edén. Dios desapareció, herido por el tacto de tus labios. Abandonó el universo y no lo gobernó más. Pasó los años recordando, soñando con el día en que el leve roce de tu boca no le provocase el mismo intenso dolor. Dispuesto a esperar toda la eternidad.

12 febrero 2007

Venus


Es un atardecer en cualquier lugar del mundo. Nada me amarra, yo llevo el timón. Hoy aquí, mañana allí. Así es la vida, al menos la mía. Sabes que nunca he ido a Venus en un barco. Ni falta que hace. No sé en qué río navegar, pero alguno surcaré esta tarde.