28 mayo 2007

Laberinto

Despertó con la boca seca y la camiseta empapada. Uno más de los muchos contrastes que encontró de repente en su dormitorio. Una nueva decoración pero un sentimiento de hartazgo. Las estanterías llenas de libros pero la sensación de no tener nada interesante que leer. Ella, dormida a su lado, hermosa, vulnerable. Pero también la certeza de que aquella historia le estaba destrozando. En su apariencia angelical ya no veía inocencia, sólo dudas. Y la inevitable sospecha de que todo ese dolor fuera intencionado. Se levantó de la cama y fue a la cocina. Bebió un poco de agua, metió la camiseta en la lavadora, se dio una ducha y encendió el ordenador. Tecleó unas direcciones. Imprimió un papel: la reserva de un billete con destino a Lyón. Preparó una bolsa de viaje con algo de ropa y un libro prestado. Al cerrar la cremallera ella se despertó. “¿Dónde vas?”, le preguntó aún semidormida. “Salgo del laberinto”, contestó. Y ella volvió a dormir.


1 comentario:

JJ - dijo...

Salir del laberinto es a veces tan difícil, cuando narras esa historia se ven los caminos amplios
la vida en tus manos, la aventura esperándote...

Me encantó este breve relato.

un beso!