Mientras intentaba instalar en mi móvil el navegador GPS que se supone que incluye, e intentando igualmente no caer en las múltiples tretas con las que mi operador (en una alianza evidente con el fabricante) pretende sacarme unos euretes así, como quien deja una propina sin venir a cuento, me he topado con esta anomalía publicitaria.
La sinopsis es sencilla: un tipo solitario se toma un café en una terraza de Madrid. De pronto recibe el típico mensaje que te alegra la tarde: acaba de quedar con una muchacha por SMS. Sin tener nada más que hacer en la vida que salir pitando ante el primer estímulo, arranca el coche y atraviesa el centro de Madrid (nótese que no ha pagado el café). Sin embargo, el aparente "simpa" no es la única muestra de la inadaptabilidad social de nuestro protagonista. Bajo el lema "nunca llegues tarde a una cita", la campaña nos muestra las ventajas de un servicio de navegación por carretera y peatonal en el móvil en pleno domingo de agosto. Ventajas que se diluyen por la constante amenaza pública que abandera el fulano en chaqueta: acelerones injustificados, cambios de carril repentinos, invasión descarada del carril bus, ignorar un ceda el paso y hasta saltarse un semáforo en ámbar en plena Gran Vía son algunas de las recomendaciones del spot. Lo que más me acojona es que mi ruta al trabajo coincide en una curva con la del "asesino del Nokia".
Cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo en el fomento de la inseguridad vial, ahora llega una marca de móviles y nos dice que no lleguemos tarde a una cita, caiga quien caiga. Y digo yo, ¿con estos modales para qué queremos un GPS?
29 marzo 2009
"A doscientos metros, sáltese el semáforo"
20 marzo 2009
Superficie útil

Pero uno de los repartidores no pudo resistirse. Nunca había montado una cocina con sofá, un dormitorio con fregadero y un baño con impresora, así que, en un arrebato de curiosidad, le lanzó la pregunta:
– “Disculpe, señor. ¿Y en este cuartito no va a poner nada?”, dijo señalando el espacio que tal vez algún arquitecto concibió como el aseo.
– “No, en el salón no”, respondió. “Será mi cuarto de descanso”.
18 marzo 2009
Miedo a volar
Pero lo más doloroso del asunto no es que se viera incapaz de tomar un avión, sino que el alma de Lucía venía ya diseñada con una especie de alas que le resultaba muy difícil desplegar. Su pasión por conocer, sus ansias de descubrir y su ambición por vivir un mundo en el que nada le resultaba indiferente, convertían su fobia en una gruesa cadena que rodeaba sus siempre nonatos planes. Asumía que nunca podría visitar determinados lugares, cumplir determinadas tareas profesionales o reencontrarse tan a menudo como le gustaría con su querido Miguel. Pero así eran las cosas.
Hasta que un día voló. Y su miedo, sencillamente, desapareció. Como desaparece el paisaje por debajo de las nubes cuando el avión se eleva, o como desaparecen las maletas que nunca llegan a la cinta transportadora. Aquel primer trayecto entre Madrid y Vigo le permitió, además de sobrevivir, disfrutar de una experiencia inolvidable y, afortunadamente, repetible. Estrenó tarjeta de embarque con algo más que un número de asiento bajo su nombre y sus apellidos. Impreso con la tinta invisible del orgullo, en aquel billete figuraba también el triunfo de sí misma sobre lo que le impedía serlo, el éxito de un campeón que vence sin concesiones, la reserva de ida y vuelta hacia un presente sin límites. Porque Lucía no había mentido a nadie cuando juró ser incapaz de volar. Simplemente, lo hizo.
17 marzo 2009
Estupidez infusa
La bofetada sonó más fuerte que la canción de Bunbury. Según supo más tarde por una amiga común, entendió “polvo” en lugar de “poleo”. Pero él no se libró de explicarle a su amiga a qué venía esa estúpida frase. Le contó que se consideraba un romántico y que, cuando se enamoraba, se enamoraba de verdad, aunque en este caso no conociera de nada a la defensiva muchacha. Le aseguró que todo habría salido bien de haber especificado más. “Menta-poleo”, por ejemplo. Y aunque su amiga intentó persuadirle para que dejara de ser tan gilipollas, él estaba convencido de que lo único que debía hacer era vocalizar mejor.
11 marzo 2009
La confesión de la piedra
Y miras. Y adviertes tras sus cuerdas la presencia de los muros que debías haber ignorado. La piedra dura y fría cuya composición vertical permite al horizonte ser horizontal, ofrece a la calle un límite que delimitar y protege a la gente de las gotas diagonales que sus paraguas no pueden parar. El violín no cesa. Y sus notas comienzan a hablar. Ya no ambientan, ahora cuentan la verdad. Ya has visto los muros. La pared de una ciudad que late lateralmente, en la que la inercia es inerte, donde la vida es vidente. El futuro revelado por la melodía se talla con cada gota sobre la piedra de Villamayor. Peligro, no tocar.
Y tocas. Y sientes en las yemas de tus dedos que la piedra no es dura y fría, que la lluvia la convierte en arcilla caliente. Una arcilla centenaria que soporta toneladas de historia en cada bloque, esperando desde hace siglos el momento de reclamar la atención. Pero llueve y no importa nada más. Podrías seguir hacia adelante, con la vista al frente, sin mirar a los muros. Pero ya has mirado. Y la piedra ya no es blanca. Se oscurece al contacto con el agua. Se confiesa, grita en vertical y hacia abajo reclamando por fin tu atención. Lo sabrás cuando camines bajo la lluvia por la Rúa Mayor. Podrás mirar al frente, ignorar el violín, olvidar la melodía. Y nada importará. El truco consiste en no mirar a los muros, pues el horizonte siempre regala un placentero espejismo.
04 marzo 2009
Las reinas del drama
Era una de esas chicas que se creen protagonistas. No sólo de su propia vida, también de las vidas de los demás. Me las encuentro a cientos. Acuden con frecuencia al discurso de la autoestima, pero no dejan de recordarse que están en este mundo para llamar la atención. Y lo peor que puedes hacer es preguntarles cómo están, porque entonces te harán sentir que tu pregunta es muy inoportuna. Son las reinas del drama. Cualquier saludo, comentario o halago que les dirijas se volverá contra ti como una bocanada de culpa porque, querido y desacertado amigo, las habrás pillado en uno de los peores días de su vida. Siempre es uno de los peores. No intentes agradar, ni mucho menos pretendas arreglar su malestar. Porque cualquier intento de ofrecerle positividad no logrará más que hacerles la competencia a sí mismas dentro de su particular y centrípeto mundo adverso. Si eres listo serás de los que lo dejan estar y tal vez hayas observado además que su afección, en su entorno, es altamente contagiosa.

01 marzo 2009
Obaminator
"Las cosas buenas, además de serlo, lo tienen que parecer. En eso Obama no necesita asesores. Tampoco ha necesitado una muchedumbre entusiasta, música alegórica de fondo ni aplausos como contrafuertes. En esta ocasión ha bastado una cámara y uno de los fondos más feos del Ala Oeste para confirmar que tiene los Presupuestos como el caballo de Espartero".
Sigue leyendo en mi otro blog.
Son las 20:14 del domingo 1 de marzo y aún creo en la política.